Restaurantes desechables
¡Extra, extra...! Nuevo hotspot en la Roma... En otras noticias, un nuevo hotspot en la Condesa... esperen, me acaban de informar que acaba de llegar un nuevo hotspot a suplir el hotspot de hace 5 minutos... Producción, tenemos un problema.
Tras unas cortas vacaciones, regreso a la ciudad para enterarme de dos cosas: que está asquerosamente pintarrajeada —basta verla toda salpicada de morado y el vandalismo a Casa Prunes— y que están promocionando 200 "nuevos" sitios de moda en las colonias de siempre.
Ritmo, Lorenzo, Lotti, Mekong, Lindy, Cursi, Julichi, Pieno, Max, Alga, Ideal, Drama, L'Obsidian, Parla, Futari, Don Canijo, Fran, Torobi, Milpa, Caldo, Vecino... todos abiertos desde finales del año pasado hasta este mes, todos con sus respectivos líderes de alboroto propagandeándolos y todos llenos.
A mi regreso, ante tal relajo de hotspots de la quincena, tuve una corazonada de reseñador: los restaurantes que abrieron a mediados del año pasado estarían vacíos. Así que me animé a ir a ISMO un viernes en la tarde y así, sin reservación, me abrieron las puertas de par en par: vacío. Me gustó bastante, no sé si más como bistró o como bar, pero quizás entre en mi listado del 2026.
Ese es el destino de todo lo que los influencers tocan. Quizá sean muy buenos lugares, pero el alboroto mediático hace que se atiborren algunos meses en los que no se dan abasto y tras el periodo de gloria se quedan con un exceso de personal y luchan por mantenerse vigentes a fin de año, justo a tiempo para aparecer en mi sección de "Quienes colgaron los manteles".
No me dio tiempo de visitar Agüita Fría y me acabo de dar cuenta de que ya lo cerraron. Ahora confirmo que la gente no va a comer a los restaurantes, van a tomarse la foto y a decir que fueron para huir corriendo a buscar otro antídoto para su FOMO. Ya no generamos conexión con los establecimientos ni con la comida ni con el personal; tan sólo pregúntenle a su amiga del Hyrox cuál es su restaurante favorito, se quedará muda.
Mi gastroamigo y periodista gastronómico Sebastián Reyes, ya me invitaba a Ocaso, el nuevo proyecto de Emiliano Padilla. Aunque me halaga su invitación, mi primer pensamiento fue "¿cómo se atreve Padilla a abrir otro local cuando Voraz, su restaurante principal, apenas va a cumplir 2 años?" Es ridículo lanzar otro concepto sin haber consolidado una clientela y ni siquiera un estilo culinario.
No me malentiendan, Voraz fue de mis favoritos del año pasado, pero ese eclecticismo de mariscos norteño-internacional-contemporáneo no se ha terminado de gestar en sus parrillas como para dividir su atención en otra cosa.
Lo irónico es que hay una baja en las aperturas de negocios de preparación de alimentos. Por supuesto, la mayoría no son osterías de autor, sino fondas y cafeterías; podríamos intentar comer en una de esas alguna vez. Lastimosamente, más de la mitad de los establecimientos cierran antes de cumplir los 2 años —cuidado, Emiliano—; tal vez por el foco que le quitan a los pequeños locales para acaparar comensales que definitivamente no volverán.
Este modelo de restaurantes desechables es insostenible tanto para los restauranteros nepobabies que sobregiran las tarjetas de sus padres, como para los comensales que no terminan el postre en un lugar cuando ya abrieron otro y tampoco para los influencers que llegan jadeando a casa a subir decenas de publicaciones diarias.
El mismísimo Marco Beteta con su súper equipo parece apenas poder cubrir algunas aperturas, ¿qué me espera a mí, que sólo me permito visitar un promedio de 8 cocinas al mes? Es abrumador. No podemos cubrirlo todo, no podemos comer en todos lados.
Por mi parte, seguiré maullando en las perreras tratando de que mis amigos y lectores se mantengan lejos de la publicidad de los foodies a sueldo y consuman en los lugares que valen la pena sostener. A este paso y con los restaurantes desechables, quizá deba modificar mi criterio de evaluación y dejar de hacer un mínimo de dos visitas para emitir un juicio redondo. Empezaré a hacer críticas de una sola vez si el lugar lo amerita.
Esperen seis meses para ir a los hotspots de Tiktok, si ya no quieren ir, no era interés, era presión social. Mantengamos vivos nuestros comercios; al momento de escribir esta columna hay 56 773 restaurantes abiertos en la CDMX como para irnos desbocados al que acaban de inaugurar.
Seamos salvadores y no verdugos.
Que aprovechen.
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