Restaurant Hopping: la vieja moda que esquivan en CDMX
Desde hace varios meses, en la escena gastronómica de la Ciudad de México, se viene gestando una nueva manera de conocer bares y cafeterías: el Bar Hopping o Café Hopping, respectivamente.
Por supuesto que los foodies no han descubierto el hilo negro: el Oxford English Dictionary sitúa el primer uso de "bar-hopping" en 1950 en Iowa y el tapeo o el reliado en España son conceptos con décadas —si no es que siglos— de usanza en su cultura.
También tenemos las rutas gastronómicas que suelen implicar mucha publicidad y nada de buena mesa, optando por reunir incontables locaciones en las que se ofrece un mismo platillo como "La ruta del chile en nogada"; en lugar de armar una verdadera experiencia logística para comenzar la noche botaneando y terminar brindando en algún rooftop.
En este mundo del consumo, es justo y necesario rescatar ideas añejas, maquillarlas con anglicismos y venderlas como la nueva moda que los veintiktokers adoptarán sin reclamo. Así tenemos al Eatwalker haciendo hoppings en cafeterías, a Mad Foodie documentando sus rutas, e incluso al Burgerman con todo un Turibús de paseo en hamburgueserías...
Pero me he dado cuenta de que ninguno hace hoppings con restaurantes, y sin ánimo de ser yo ese inventor del hilo negro, quiero poner sobre la mesa al "Restaurant Hopping"—que Dios me perdone por acribillar los ojos de mis hispanolectores—, concepto que por supuesto ya existía, pero que nuestros foodies evitan.
Es entendible el desuso tanto por la cultura restaurantera como por las prácticas de consumo de la ciudad; además, claro, de que el efecto en la billetera de los veintiktokers no sería favorecedor; pero como amante de los restaurantes sé que es posible hacer un restaurant hopping sin gastarse la mitad de la quincena.
A pesar de ser un romántico de la buena mesa y del ritual que implica salir a cenar en un solo restaurante, en una metrópoli como lo es la verdadera capital gastronómica del mundo, la CDMX, vale la pena probar un restaurant hopping de repente; sin afán de "conocer" restaurantes sino, por lo menos, para darse una idea de la oferta de las diferentes colonias y ver dónde uno se siente más a gusto.
Recuerdo que para el cumpleaños de un amigo, después de esperarlo en Nice Day Coffee, quedamos de vernos en Bengala para unos aperitivos de comida china y mocktails, acabar de saciar el apetito en Brava con pasta y vino y terminar la celebración con postre y drinks en Ling Ling.
O cuando lo mezclé con un gastrotour: desayuno en El Minutito, hacer tiempo en el Museo del Chocolate, clase de afilado en Hinata, comida en Mondello, un té como digestivo en Okalité, shopping en Ki' Xocolatl, postre en Las Musas de Papá Sibarita para cerrar con unas copas de espumoso en Somsaa.
Recomendaciones
- La comodidad es primero: El calzado pierde cierto glamour. Habrá que caminar. Revisar que las escalas sean "walking distance" para aprovechar el tiempo comiendo y no trasladándose.
- Moderación con cena progresiva: la entrada en un puesto callejero, el fuerte con una bebida en un restaurante y el postre o digestivo en un bar. Tratar de que el estómago se llene más rápido de lo que se vacía la cartera.
- No hay nada escrito en piedra: se puede hacer únicamente con street food, dividir la cena sólo en dos partes o únicamente tapear en distintos bares de vino. Incluso usar todo el día desde el brunch hasta la cena en diferentes zonas.
- Siempre es mejor con reservación: con un buen timing entre locales considerando tiempos de servicio, comida y trayectos. Un hopping en viernes a los hotspots de la Condesa es misión suicida, mejor tener varias opciones en ruta en caso de no encontrar lugar.
- Conocer la zona, desconocer el puesto: como las calles se recorrerán principalmente a pie, es mejor saberse el camino por seguridad, sobre todo en la noche. Pero no hay que ir a donde siempre, sino aprovechar la dinámica para conocer varios sitios nuevos a los que poder regresar después a una comida más en forma.
Good Hopping!
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