La famosa cena con desconocidos
En nuestra distopía posmoderna de home office, Roblox y ChatGPT —que a mí me parece extremadamente cómoda—, la interacción social ha disminuido, pero no así nuestras ganas de interactuar. Es por eso que, ya que todo trauma se puede comercializar, no tardó en llegar TimeLeft, una aplicación para conocer personas bajo el concepto de juntar a 5-7 personas a cenar y obligarlos a convivir.
De todas formas, si para algo soy un facilote es para los vinos blancos y los cupones de descuentos. Así que, aquí me tienen escribiendo una columna sobre mi experiencia "cenando con desconocidos".
Al bajar la aplicación, primero tienes que crear un perfil con tu nombre, edad... y responder un pequeño test psicológico —información que seguramente venderán al gobierno chino— para después entrar a la matriz principal en la que puedes escoger qué tipo de experiencia buscas y la fecha en que se llevará a cabo.
Cena los miércoles o viernes en la noche, noches de tragos los jueves, café los sábados en la tarde y, para los más desquiciados, running los sábados en la mañana. Además de poder elegir el idioma que se hablará en la mesa —o jadeando en el pavimento—, la zona y el rango de precios del lugar.
Seleccionas tu fecha y evento y te despliega una de esas molestas ventanitas de suscripción. En sus inicios se podía comprar un pase de una sola vez, pero ahora, siguiendo las tendencias más calientes del capitalismo, únicamente puedes elegir pagar 1, 3 o 6 meses de suscripción.
Después de pagar mi mes con descuento y cancelar el pago automático, ya tenía lista mi reserva. Cenaría el próximo viernes con un puñado de desconocidos. A las 48 horas del evento me comunicaron el lugar, el número de personas, sus nacionalidades.
Entrada la noche del viernes, como de costumbre, fui el primero en llegar a Broka. Me acomodé, pedí una copa de pinot grigio y esperé. Y como si del inicio de CLUE se tratase, los invitados, de a uno, comenzaron a llegar presentándose.
Ya que mi trabajo aquí es juzgar la comida y no a los comensales, me limitaré a decir que todos fueron amables, pero demasiado extrovertidos para mi gusto. Aunque tímidos para cenar ya que sólo se pidieron una bebida y algunos sólo un postre, a lo que me tuve que aguantar el hambre y los comentarios sarcásticos y sólo pedir unos gnocchi de plátano en salsa de gorgonzola que rozaban el mundo de los postres; pero me quedé con ganas de seguir explorando el menú como para volver en otra ocasión.
Por lo menos la plática se puso buena al punto de repetir el vino y más tarde decidimos ir al after, una opción que te da la plataforma en donde juntan a todos los usuarios de esa noche en un bar. Esta vez fue Musak, uno de mis favoritos, por lo que no pude decir que no.
Caminamos, nos pasaron a la terraza y pedí un boulevardier. Cuando quise probar otra cosa, el papaloteo de los meseros, la interminable charla sobre Hyrox y la hora, me hicieron pedir el Uber de vuelta a mi caverna.
No salí fascinado del lugar, pero he de admitir que fue refrescante conocer personas y charlar de cosas nuevas, así sean jóvenes sociales hablando por 3 horas del trabajo y del gimnasio —temas que me parecen monótonos en un contexto fuera de esos espacios—. Por lo menos en terapia puedo decir que salí, me divertí y cumplí practicando mis encantos.
Sí volvería a usar la aplicación para probar otros modos, quizá en los sábados de café encuentre gente menos... activa. De cualquier forma obtuve mi descuento y dos copas de un delicioso vino blanco.
¡Hasta la próxima!
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